This entry was posted on Wednesday, January 20th, 2010 at 7:46 am and is filed under Poemas Misticos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
Ruinas de amor somos hoy como siempre
Ruinas de amor somos hoy como siempre.
No abras la puerta de la mente, toma el rabel,
que hay cien clases de oración y de genuflexiones
para el que tiene el rostro del amigo por mihrab.
No necesitamos vino para la ebriedad,
ni para gozar del encuentro arpa ni rabel.
Alegres y ebrios estamos tal ebrios de amor,
sin escanciadora, flauta ni juglar.
No es la primavera esta estación, otra estación es,
y la ebriedad de cada ojo por distinta imagen es.
Y aunque esté bailando la hojarasca toda,
esa agitación de cada rama, de distinto origen es.
Hizo viento y en la cabeza embriagada la flor derramó.
Llegó el amigo y vino en la copa del amigo derramó.
Su bucle de jacinto tierno impidió el florecer de los herboristas;
su ojo de narciso ebrio la sangre de los sobrios derramó.
De existencia y no existencia soy ajeno
y haber cortado con ambos no es de caballero.
Con tanto prodigio extraño en el corazón
se debe a la locura si no enloquezcol
Al entrar en la fiesta te recordó mi corazón.
Robó la copa a la copera, la tiró, la rompió.
Ni borracho ni sobrio, agitado salió fuera.
Se inició el rumor de que enloqueció.
La cabeza que no sabe del vino, duerme.
Aquel que lo conoce, ¿cómo duerme?
Cada noche el amor a ambos oídos me murmura:
¡Qué triste el que sin él se duerme!
En cuanto tu vino en nuestra copa fluye
se alzan los que están del mundo escondidos.
Tanto nos evitan los de sobrio juicio
como aquellos, fruto de taberna, huyen.
La ofensa en tus labios, astro de la noche,
procede del fuego igual que el granate.
Diré que una ofensa tal es agradable
como toda brisa a la flor le es goce.
En pos de tu bién cortó él una caña.
Por mor de tus labios de azúcar la escogió
y bebió esa caña tal vino en tus labios
que, embriagada en ellos, rugidos lanzó.