Antonio Gala Poemas: La Acacia – 2
09 12th, 2009 Author: Maria
Ah, si la hubierais visto… Si una tarde,
sentada en la ribera, la hubierais encontrado
ajena a su vibrante melodía
bajo la tarde, cerca de la acacia;
si a los pies del muro
encalado y los zócalos azules
os hubiese mirado de repente
a los ojos; si el soportal y el arco,
la verde lluvia, el ánfora y la yerba
indignos de ella os hubieran parecido;
si hubieseis visto el tiempo
que sorbe el corazón a las toronjas
ceñirse sin dañarla su cintura…
Ah, si la hubierais visto,
quizá comprenderíais.
Traía el mes de mayo entre los ojos.
Iba por mayo, libre
como un olor, liviana,
desnuda como el agua, y su andar era
lo mismo que una rosa desbordante.
Iba alumbrando mirtos y gardenias;
redimía la noche con su gozo,
y sólo su presencia -os lo aseguroaderez
ó un jardín que no se acaba.
Su cuerpo era salvaje como un río,
huidizo como un río, cuya fuerza
se renueva a medida que transcurre.
Qué abandono tan íntegro: nada hubo
comparable a su entrega,
pues es casi imposible que los lirios silvestres
se abandonen así por los taludes.
Confieso que en la alcoba yo le daba
ricos nombres de pájaros exóticos,
y que ella misteriosa sonreía
como sonreiría una flor imposible.
Bien sé que, al leer esto, los censores
rasgarán sus opacas vestiduras;
pero quiero deciros que ella fue
un jazmin blanco en el follaje oscuro,
e innumerables sus caricias
igual que el mar, igual que las hojillas
que presta abril sin tino a los retoños,
y un sabor a esperanza le mojaba los besos
de cañaduz y menta a media noche…
Era tan bella que quizá el amor
no se atrevió a elegirla como víctima.
Acaso ya entendáis por qué ahora estoy
ciego como los ojos de quien a nadie aguarda;
de qué cielo he caído, de qué alado
astro, y este dolor en que me pierdo.
Ya no podrán mis versos otras tardes
de orilla a orilla atravesar las aguas
inconstantes. No hay esparcidas vides
en los viñedos,
y el ruiseñor anida
en la negra rama enramada del silencio.
Por eso, si lo sabeis, decidme,
¿cabe bajo la tierra
un corazón enamorado?
Pues ya comprenderéis, amigos mios,
que este amor es sin duda
una historia muy triste.
(Poemas de amor, La Acacia, versos, Antonio Gala)
read comments (0)La Acacia – 1
09 11th, 2009 Author: Maria
Me llamó, me llamaba.
Miré en el fuego y no se consumía.
Lo anegó el agua, y era más sencillo
que el agua.
En el aire fue aire, y en la tierra
fue a veces la sonrisa o el mudable
resplandor de los astros.
Rompe el amor
la seriedad de la mañana como
la piedra ahuyenta la siesta del remanso.
Abate el bosque familiar sus ramos
y, cerrados los ojos, nos tendemos
sobre la tumba… ¿Aquí acaba la búsqueda?
No nos florece el corazón, ni cambia
el color del olvido.
La noche prohibida
devasta el trigal, tala los frutales,
sofoca con su velo la armonía
de las constelaciones. Ya se acerca
la aurora, sorteando
por la acera los cubos de basura:
ilesa vida abajo, intacta
entre las ruinas. Duerme
el cuerpo disponible
en su tronzado lecho de Procustes.
No rozará la luz
al prometido de la muerte,
ni se contagiará la muerte de blancura…
Yo sólo soy el hombre que presencia
mi vida, fijo los ojos en
el guardián del jardín.
Fueron éstas las cartas
que me correspondieron en el primer reparto.
Pero alguien hay que está
viviéndome, y respira al lado mío
el aire que me sobra.
Vendrá un día
en que yo seré el otro
y viviré lo que ahora para él vivo.
Hoy toda dicha posible quizá sea
habitar en la estéril esperanza.
(Poemas de amor, La Acacia, versos, Antonio Gala)
Poemas de Amor: Enemigo Intimo – 1
09 8th, 2009 Author: Maria
Cuando el amor cierra los ojos para
beber en unos labios
el agua que un momento se le presta,
se hace en torno la muerte y queda sólo
profundamente vivo
lo que es de suyo desvalido y torpe:
el tacto, que resbala
como un reptil sobre las superficies.
Entonces el amante
sacia su propia soledad y estrecha
al amado con el mortal abrazo
de la serpiente, cuyo anillo busca
extinguirlo, morir, desvanecerlo.
Vuélvese hacia el vacío
interior y descubre vacilante
un nuevo ser dentro de sí; percibe
su soledad doblada,
y, enagenado y alterado, en sí
cava un abismo, al borde
del otro abismo, al que se lanza viendo
su odio en el del otro ensimismado.
Qué rencor sobreviene
a ese extraño que somos
al sorprenderse dado y no cumplido:
muerde, araña, devora, absorbe, intenta
de su propia traición tomar venganza,
posee lo que jamás fue menos suyo,
y así se rinde y cree vencer, dejando
su soledad, el patrimonio único,
invadida a merced del enemigo.
Nadie hay más fuerte que el amado. Nadie
un combate decide tan impávido.
Armagedón sin ruegos, envolverse
ve el amante su espada en negaciones.
Y es la helada ceniza
del desencanto lo que descubrimos
cuando la pleamar
recoge de la playa sus diademas.
Cumple el ritual amante de esta forma
un equilibrio misterioso, y vuelve
la armonía, que al ciego impone quien
se sonríe y eternamente aguarda.
Desnudo y vulnerado, ante el hostil
secreto, en los canchales del engaño,
mira el violentado su destino
inútil ya como un pájaro muerto,
mientras sobre la tierra
queda maduro un fruto y preparado.
Poeta: Poemas de Amor, Enemigo Intimo, Antonio Gala