Vicente Salas Viu
04 18th, 2010 Author: Maria
VICENTE SALAS VIU
(1911-1967)
“Toda la poesía de Maragall está un poco estremecida de ese limpio,
robusto y bien medido aire sardanístico. Se siente la presencia del
campo jugoso que tanto le llegaba al poeta y su gracia es la popular,
tan equilibrada y saludable. Todo un poco a ras de tierra, quizá sin
pasar el nivel de lo cotidiano…”
Vicente Salas Viu. Hora de España.
LA VOZ DE UN NOTABLE MUSICÓLOGO
El escritor, periodista, compositor y crítico literario y musical Vicente Salas Viu fue uno de los primeros firmantes del Manifiesto de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en Defensa de la Cultura, junto a Antonio Machado, José Bergamín, Luis Buñuel, María Zambrano, Luis Cernuda, Rafael Alberti, María Teresa León, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Miguel Hernández. Ramón Gómez de la Serna, Pedro Garfias, Juan Chabás, Rosa Chacel, Rafael Dieste, Antonio Porras, Antonio Sánchez Barbudo, José Fernández Montesinos, Alberto Sánchez, Vicente Aleixandre, Ramón Menéndez y Pidal, Adolfo Salazar, Rodolfo Halffter, entre otros. Durante la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, publicó varios relatos en Hora de España, una de la revistas más serias del siglo XX español.
Nacido en Madrid en 1911 muere en el exilio en Santiago de Chile en 1967. De la mano de su maestro Rodolfo Halffter comenzó a colaborar como crítico musical en El Sol de Madrid, en 1931, llegando a ser director del prestigioso periódico. Publicó en Cruz y Raya, El Mono Azul y Nuevo Ejército, órgano de la 47 División. Al finalizar la guerra emprendió su exilio en Chile. En abril de 1940, decía el poeta chileno Pablo Neruda que cumplió “la más noble misión que he ejercido en mi vida la de sacar españoles de sus prisiones y enviarlos a mi patria”, que Vicente Salas Viu y Arturo Serrano Plaja son “los únicos amigos de mi vida literaria en España que habéis llegado a mi patria. Hubiera querido traerlos a todos y no he desistido de ello”.
Durante su exilio, Salas fue un asiduo tertuliano del Café de Miraflores de Santiago de Chile, mítico punto de encuentro de los españoles desterrados. Fue colaborador de Romance, revista dirigida por Juan Rejano y en la que colaboraron un gran número de intelectuales transterrados: Juan Ramón Jiménez, José Bergamín, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, León Felipe, Corpus Barga, Ramón Gómez de la Serna, Luis Cernuda, José Moreno Villa, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, César M. Arconada, Arturo Serrano Plaja, María Zambrano, Isabel O. de Palencia, Ramón Gaya, Juan Gil-Albert… También colaboró en España Libre, periódico quincenal publicado en Santiago de Chile, ciudad en la que durante muchos años hizo crítica musical y literaria para El Mercurio. Fue director del Instituto de Investigaciones Musicales, catedrático de la Facultad de Ciencias y Artes musicales de la Universidad de Chile, director de la Biblioteca Central de la Universidad de Chile y profesor del Instituto Pedagógico y del Conservatorio Nacional de Música. Creó su propia revista musical, la Revista Musical Chilena.
Entre los títulos más relevantes de su obra literaria citaremos: Diario de guerra de un soldado (1938), Las primeras jornadas y otras narraciones de la guerra española (enero 1939, reeditado al año siguiente en Chile), Músicos modernos de Chile (1943), Sentimiento y expresión en la música: del barroco al romanticismo (1943), La última luz de Mozart (1949), La creación musical en Chile 1900-1955 (1952), Momentos decisivos en la música (1957), La espaciosa soledad (1960), libro de cuentos sobre España y América, La doble muerte de Felipe Villagrán (1960), novela, y Música y creación musical (1966), ensayo sobre teoría musical.
Terminamos esta breve semblanza de Salas Viu, con el último párrafo de una de sus narraciones publicadas en Hora de España: “Del soldado de aquella hazaña no logró saberse el nombre. Tras de ella volvió a fundirse con sus demás compañeros. Se sabía, sí, que era uno de los muchachos del Segundo Batallón de la 69. Pero esto era lo de menos; igual pudo haber sido el Primero, de la 49, de cualquiera de los de la División. Su grandeza precisamente estribaba en esto, en haber encarnado en si a la División toda en las jornadas de fines de febrero en el frente de Teruel”.
Francisco Arias Solís
Donde mora la libertad, allí está mi patria.
Portal de Internautas por la Paz y la Libertad y de Foro Libre.
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read comments (2)Julio Herrera Y Reissig
04 16th, 2010 Author: Maria
EN EL CENTENARIO DE LA MUERTE DE JULIO HERRERA Y REISSIG
(1875-1910)
“Anoche vino a mí de terciopelo;
sangraba fuego de su herida abierta;
era su palidez de pobre muerta
y sus náufragos ojos sin consuelo.”
Julio Herrera y Reissig.
LA VOZ DEL MODERNISMO
Precisamente con una serie de Wagnerianas se estrenó hacia 1900, en su país el uruguayo Julio Herrera y Reissig, en quien algunos pretenden ver el poeta máximo de América. Que es tan originalcomo el que más y superior a todos en algunos aspectos, más bien imaginativos, nadie lo pone en duda. Que sea el mejor poeta de habla hispánica, ni siquiera el mejor en su tiempo –un tiempo en que andaba por el mundo un lírico del rango de Rubén Darío-, es menos que probable. Para Guillermo de Torre, su prologuista y agudo intérprete, es Herrera y Reissig el poeta que “encarna quizá con significación más cabal la manera modernista”, superior al mismo Darío, el cual siendo más poeta, no representó el modernismo con tanta fidelidad. Tenía Herrera y Reissig unos trece años cuando en 1888 aparecía Azul, el primer libro modernista de Rubén Darío; y muere demasiado pronto, a los treinta y cinco años, para que pudiera desarrollar más tarde cierto tono ajeno al modernismo.
“Herrera y Reissig, en realidad fue un romántico –decía Luis Cernuda-, y para él, como para otros americanos, el modernismo acaso resultó una postrera encarnación del romanticismo. Su ostensible hostilidad al medio ambiente, su inadaptación al mismo, su individualismo exacerbado eran otras tantas consecuencias de un innato romanticismo. Y si recordamos las circunstancias poco afortunadas que acompañaron su vida, y cómo las conllevó, un sentimiento de simpatía y de estimación pueden despertarse ante su persona y su obra. Buscó lo mejor, lo que él creía era lo mejor; amó su trabajo, y tuvo conciencia de lo que el trabajo artístico significaba en un mundo donde el arte perdía alcance social, al mismo tiempo que su significación se hacía más grave para quien a tal trabajo y disciplina quería someterse”. Nuestro Miguel Hernández dedicó al poeta uruguayo el Epitafio desmesurado a un poeta: “Nata de polvo y su gente / y nata del cementerio, / verdaderamente serio / yace, verdaderamente”.
Julio Herrera y Reissig nace en Montevideo el 9 de enero de 1875, de familia criolla, de hondo arraigo en su país. Pasa su infancia y juventud en ambiente de holgura; educación burguesa en los mejores colegios. Pero a los veinte años sobreviene el hundimiento del “herrerismo”. El futuro poeta tiene que limitarse a vivir modestamente de la prensa y del desempeño de cargos secundarios: empleos en la Aduana de Montevideo, en la Inspección de Enseñanza Secundaria, etc. Un mes antes de morir había sido nombrado bibliotecario. Sólo sale de su país en 1905 para ir a Buenos Aires, donde trabajó en la Oficina del Censo durante ocho meses. Murió en Montevideo el 18 de marzo de 1910. Dos años antes se había casado con Julieta de la Fuente.
La obra de Herrera está ligada íntimamente a su vida, de la que es reflejo fidelísimo. Este espíritu egocéntrico se recluye en su torre de marfil y desde ella va lanzando a los cuatro puntos cardinales, con cierta indiferencia, su mensaje. Lo de la torre de marfil no es un símil, es una realidad. Esa torre de marfil, en que Herrera se recluyó voluntariamente, tuvo su existencia y su nombre: se llamaba la Torre de los Panoramas, y desempeñó un papel muy importante en la difusión y proceso del modernismo uruguayo. Se trataba de un circuito literario donde Herrera congregaba diariamente a sus amigos y admiradores, casi todos más jóvenes que él, les leía sus versos, escuchaba sus aplausos y, llegado el caso les daba el espaldarazo de poetas.
Empieza Herrera escribiendo cantos A España, A Castelar, A Lamartine, etc., esto ocurre en 1898. Nos hallamos naturalmente ante un romántico. Pero dos años más tarde, en unas Wagnerianas, publicadas en La Revista, que él mismo dirige, ha cambiado de tonos. Vienen inmediatamente Las Pascuas del Tiempo, incluidas en el Almanaque artístico del siglo XX, que señalan su conversión total al modernismo. Y a continuación: Los maitines de la noche, Los éxtasis de la montaña, Poemas violetas, Sonetos vascos, Ópalos, Átomos, La torre de las esfinges, Los parques abandonados y Pianos crepusculares. Y en prosa, Conferencias, El Renacimiento en España, El círculo de la muerte, etc.
La poesía de Herrera y Reissig es antes que nada simbolista. Un simbolismo alucinante, demencial, que cae de lleno dentro de las zonas psicopatológicas, con mucho de ilogismo y mucha extravagancia. Lo que no quiere decir que Herrera y Reissig no fuera un temperamento poético de primer orden. Lo fue; lo demostró en multitud de poemas, y muy especialmente en los Sonetos vascos, que son para nosotros lo mejor de su obra. El dominio verbal y su sentido de la música, así como el tono irónico y lúdico con que habla de lo cotidiano, le avanza un escalón dentro del modernismo y le acerca a Laforgue: de ahí que busque a veces la imagen por la imagen y sea antecedente leve de la poesía de vanguardia. Sus imágenes resultan extravagantes, chocantes, como: “Golondrinas: últimas flechas perdidas de la noche en derrota”, “las palomas: recuerdos esparcidos de los viejos muros arrugados por la edad”.
“El sexto número de Caballo Verde –escribía Pablo Neruda, director de la revista- se quedó en la calle Viriato sin compaginar ni coser. Estaba dedicado a Julio Herrera y Reissig –segundo Lautréamont de Montevideo- y los textos que en su homenaje escribieron los poetas españoles, se plasmaron ahí con su belleza, sin gestación ni destino. La revista debía aparecer el 19 de julio de 1936, pero aquel día se llenó de pólvora la calle. Un general desconocido llamado Francisco Franco se había rebelado contra la República en su guarnición de África”.
A diferencia de otros modernistas, de Rubén, de los precursores y de los seguidores, Herrera es un raro, un ser que rechaza la intimidad, el mundo exterior, e incluso el espacio que separa ambas zonas. Y como dijo la voz personalísima del poeta: “Todo suspira y ríe. La placidez remota / de la mañana sueña celestiales rutinas. / El esquilón repite siempre su misma nota / de grillo de las cándidas églogas matutinas. / Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas / como flechas perdidas de la noche en derrota”.
Francisco Arias Solís
La paz no se reduce a la ausencia de guerras
XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad
Xavier Villaurrutia
04 12th, 2010 Author: Maria
EN EL 60º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE
XAVIER VILLAURRUTIA
(1903-1950)
“Siento que estoy viviendo aquí mi muerte,
mi sola muerte presente,
mi muerte que no puedo compartir ni llorar,
mi muerte de que no me consolaré jamás.”
Xavier Villaurrutia. Hora de España.
LA VOZ DE LA NOSTALGIA DE LA MUERTE
La poesía de Vanguardia encontró en México terreno propicio; los “ismos” de posguerra se difundieron encontrando intérpretes valiosos en poetas que conquistaron merecida fama. El grupo más significativo fue el que se reunió en torno a la revista Contemporáneos (1928-1931). De los poetas que pertenecieron al grupo de los “Contemporáneos”, los más destacados fueron, Carlos Pellicer, brillante colorista, José Goroztiza, el representante de la poesía pura, Jaime Torres Bodet, el audaz surrealista, Salvador Novo, el sorprendente virtuoso verbal y Xavier Villaurrutia, el poeta de la nostalgia de la muerte.
Xavier Villaurrutia González nació en la Ciudad de México el 27 de marzo de 1903 y murió en su ciudad natal, el 25 de diciembre de 1950. Estudió en el Colegio Francés y desde sus estudios de preparatoria inició su amistad con Salvador Novo y Torres Bodet. Aunque comenzó sus estudios de Derecho, pronto los abandonó para dedicarse por completo a las letras. Dirigió, junto con Salvador Novo, la revista Ulises. En 1938, durante la guerra española provocada por la rebelión militar del general Franco, publicó dos poemas “Muerte en el frío” y “Nocturna rosa” en Hora de España, la revista más importante del momento. Más tarde colaboró en Romance, “revista popular hispanoamericana”, en la que escribieron los principales intelectuales españoles del exilio.
La poesía lírica de Xavier Villaurrutia, de modulaciones clásicas, evidencia meditadas lecturas y una conciencia de la creación poética que sólo tienen los grandes artistas. Dentro del grupo de los “Contemporáneos”, la obra de Villaurrutia constituye el resultado más refinado y al mismo tiempo más cargado de dramatismo. El poeta busca constantemente los vínculos con lo eterno y los expresa en música que, sin embargo, no desemboca en la desesperación, sino en esa singular Nostalgia de la muerte que ha dado título sugestivo a su colección de versos más significativos.
Villaurrutia es un poeta dotado de vivas cualidades pictóricas orientadas hacia la captación de panoramas matutinos, pero también de melancólicos crepúsculos en los cuales se encarna la única realidad que aguarda al hombre: la muerte. Esas cualidades se afirman desde la primeras colecciones de versos, Primeros poemas (1923), Reflejos (1926), Dos nocturnos (1931) y en Nocturnos (1933). Las cosas tal como se presentan a nuestros sentidos, se reflejan como en la tersura de un cristal, pero en su mima tersura se insinúa la inquieta conciencia de la vida dominada por la muerte, que no es en realidad macabra y horripilante, sino más bien fuente de nostalgia por un sentido de orfandad radical.
Nostalgia de la muerte (1938), Décima muerte y otros poemas no coleccionados (1941) y un último Canto a la primavera y otros poemas (1948), forman, junto con las colecciones citadas, la totalidad de la obra lírica de Xavier Villaurrutia, reunida a su muerte con su teatro en La poesía y teatro completos de Xavier Villaurrutia (1953), y luego con la prosa en Obras (1966).
El teatro mexicano debe su importancia actual sobre todo a la labor entusiasta e incansable de Xavier Villaurrutia. En 1928 este autor es cofundador del ”Teatro Ulises”, destinado a la representación de obras mexicanas. Los propios fundadores hicieron a la vez de autores y actores. En 1934, la comedia Parece mentira le valió a Villaurrutia una beca para los Estados Unidos concedida por el Teatro de Orientación, y el escritor acudió a la Universidad de Yale para un curso de perfeccionamiento. De regreso a su país, intensificó su labor a favor del teatro nacional, organizando incluso un grupo teatral: el Sindicato de Electricistas.
Como dramaturgo, Villaurrutia aportó al teatro con sus obras el sentido obsesivo de la muerte Parece mentira gira en torno a una inquietante predisposición al suicidio, replanteándose el tema en otras piezas, hasta llegar a Invitación a la muerte (1944), comedia en la cual el dramaturgo afirma plenamente su originalidad tratando un problema existencial profundamente sentido que permite penetrar en la singularidad del autor, y también en la del mexicano en un sentido más amplio.
Sea Ud. breve (1938), ¿En qué piensas? (1938), La hiedra (1941), La mujer legitima, (1943), El yerro candente (1945), El pobre Barba Azul (1947) y Juego peligroso (1949), son títulos de dramas importantes, del repertorio de Xavier Villaurrutia, en los que la personalidad del dramaturgo se impone en todos los casos al profundo conocimiento de tal o cual autor, sea éste Cocteau, Girandoux, O’Neill, o incluso el mismo Pirandello.
Son varios los poetas y dramaturgos mexicanos de auténtica valía que han logrado atraer la atención internacional, pero entre ellos destaca Xavier Villaurrutia. Y como dijo el poeta mexicano: “… en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre / para salir en un momento tan lento / en un interminable descenso / sin brazos que tender / sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible / sin más que una mirada y una voz”.
Francisco Arias Solís
Paz y Libertad.
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